

El valor de una sonrisa
Solidaridad
Alaine Herrera nació en Bilbao en 1988. Su nombre en euskera significa “alegría”. Y aunque hoy ya no está entre nosotros
–falleció el 16 de julio de 2004, a los 16 años– su memoria y
su sonrisa siguen vivas en la Fundación Alaine. Una iniciativa que pusieron en marcha sus padres y familiares para perpetuar
su memoria y su actitud ante la vida: siempre alegre, generosa, conciliadora y servicial.
Era una chica muy concienciada, nos comenta Ramón Herrera, su padre y presidente de la Fundación Alaine, que nos recibió muy amablemente en su casa. “Ella y sus amigas solían ir a la Residencia de los Camilos a visitar a algunos abuelos. Preguntaban cuál de ellos no recibía visitas y allá que iban con sus guitarras”.
También le gustaba ver algún partido de fútbol. Cuando veía un partido con sus amigas, el término más técnico que utilizaba era ¡qué bruto!, puntualiza su padre con humor. Sin embargo, ella y sus amigas disfrutaban con los partidos del Real Madrid, aunque sólo fuera por ver a sus ídolos futbolísticos, como Iker Casillas o David Beckam.
Pero si algo quiere destacar Ramón de la personalidad de su hija, es que se rebelaba ante las injusticias. “Había ciertas cosas que no podía entender. Por ejemplo, no entendía por qué ella tenía todas las oportunidades del mundo y por qué otras niñas, sólo por el hecho de haber nacido en otros continentes, no las tenían. Las injusticias del mundo la enojaban. Había otra cosa que no aguantaba: los malos tratos a los niños. De hecho, el primer teléfono que guardó en su móvil fue el de los malos tratos. Tampoco podía entender la discriminación de género”.
UNA SONRISA...
A los 15 años a Alaine le descubrieron un agresivo tumor en el cerebro. Hubo que operar. También le dieron quimio y radio. Cuando sus padres le preguntaban qué tal estaba, ella decía: “Mejor que no lo sepáis”, con una madurez impropia de su edad.
Cerca de su cumpleaños, el 5 de abril, le hicieron una serie de pruebas y el tumor se había reproducido con una agresividad inaudita. Los últimos tres meses fueron muy duros. Unos amigos aparecieron un día en el hospital con dos fotografías firmadas y dedicadas: una de Iker Casillas y otra de David Beckam. A pesar de la enfermedad, de tener paralizado ya el cuerpo y de no poder hablar, Alaine tuvo fuerzas para mostrar su maravillosa e iluminadora sonrisa. Hacía meses que ya no podía hablar, pero seguía sonriendo cuando la visitaban sus amigos, cuando leía los chistes que su padre descargaba de internet, cuando veía las películas de estreno en DVD o durante las interminables lecturas en voz alta que tanto le gustaban.
El 16 de julio de 2004, el día de la Virgen del Carmen, Alaine nos dejaba. “Que una hija no te sobreviva es algo muy fuerte. Te bloqueas, no lo entiendes”, nos confiesa Ramón. “Pero teníamos otro hijo, y eso nos obligaba a seguir luchando para conseguir que la vida adquiriera ciertos tintes de normalidad”.
…PERPETUADA EN OTROS NIÑOS
Un año después, los padres de Alaine, Arantza y Ramón, comenzaron a dar forma a un proyecto con el fin de perpetuar el espíritu de su hija, esa chica sonriente, amiga de todos y siempre dispuesta a ayudar. En la iniciativa se involucraron también un hermano de Arantza, que es sacerdote, y los cuatro abuelos de Alaine.
“Nadie es tan pequeño que no pueda ayudar a que todo el mundo pueda sonreír”, es el lema de la nueva Fundación. Una invitación a multiplicar sonrisas en otros niños. Y en octubre de 2007 comienzan a trabajar en dos campos: en el primer mundo, con el Proyecto Sonrisas; y en el llamado Tercer Mundo, con el proyecto Grano de Arena.
Ramón y Arantza se comprometieron a dedicar a la fundación el equivalente a lo que se hubieran gastado en el mantenimiento, educación y formación de su hija Alaine. Enseguida consiguieron la colaboración de otros amigos y conocidos. En tan sólo dos años han conseguido 77 socios.

PROYECTO SONRISAS
El Proyecto Sonrisas surge tras la positiva experiencia que tuvieron con Alaine durante su enfermedad, al descubrir la importancia de generar sonrisas y bienestar emocional en la cama de un hospital.
Al recordar la iluminadora sonrisa de su hija cuando recibió las fotografías de Iker y Beckam, decidieron que la Fundación siguiera haciendo lo mismo que hicieron aquellos amigos con su hija. Establecieron contacto con deportistas de diferentes equipos de fútbol –Athletic de Bilbao, Real Madrid, Sevilla, Barcelona y con la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Todos los deportistas y artistas sin excepción han respondido magníficamente.
El último póster que han gestionado es uno de Fernando Alonso. Su destino era provocar una sonrisa en Julio Javier, un niño de Valladolid de siete años que tiene un tumor en el abdomen. Su madre contaba que cuando le llegó no se atrevía a abrirlo, esperó a su padre y se echó a llorar de la emoción.
GRANO DE ARENA
El otro proyecto de la Fundación Alaine es Grano de Arena, cuya idea surge para perpetuar el espíritu de generosidad de Alaine y su sensibilidad hacia las injusticias y las desigualdades.
Después de examinar varios factores, eligieron para llevar a cabo sus proyectos el norte de Benín. En diciembre de 2007 prepararon un festival de Navidad en el Teatro de la Casa de la Cultura de Tres Cantos, que organizó la parroquia Santa María Madre de Dios. Se consiguió una recaudación fantástica. Con ella financiaron una primera Escuela de Educación Primaria en Kalalé, en el noroeste de Benín, donde en la actualidad estudian 150 niños y niñas. Después vino la escuela de Buka y más tarde, en Wé wé, inauguraron una tercera escuela primaria. También han enviado 100 ordenadores, gracias a una donación del BBVA, para equipar 11 aulas de informática. Más tarde construyeron un centro de educación secundaria con laboratorio en Kalalé.
La Fundación ha colaborado con las Hermanas de San Agustín, una orden local beninesa que trabajan en proyectos educativos, centros de formación profesional para chicas, centros nutricionales y orfanatos, financiándoles un internado en la zona de Kopargó. En los dos años que llevan funcionando han construido tres escuelas de primaria, dos institutos de secundaria, han colaborado en la ampliación de un centro de formación profesional y han financiado diez becas.
Ahora, tras la Campaña de Navidad, quieren construir una maternidad en la diócesis de Djougou, petición que les ha hecho Mons. Paul Kouassivi Vieira, el mismo obispo al que Mundo Negro ha concedido el Premio a la Fraternidad 2009.
Ramón viajará a Benín este mes de marzo y en septiembre. En esta última ocasión también se le unirá su mujer Arantza y su hijo, “para no guardarme para mí solo la experiencia de ver a tantísimos niños felices y sonriendo”.
África González
Por Juan (Madrid) - 13-05-2010 - 01:03:00
Me ha gustado mucho este artículo