

YA VIENE EL CARNAVAL
Carnaval en Perú
Durante 18 días la ciudad de Puno, en Perú, ubicada a las orillas del lago Titicaca, a una altitud de 3.870 metros sobre el nivel del mar, se convierte en un lugar de bullicio y fiesta. Se decora la iglesia, se preparan los vestidos, las comidas y los fuegos artificiales. La fiesta ha comenzado.
“Ay, papito, ven a bailar conmigo”. El papito –el joven– retrocede tímidamente ante la arrogancia de la “cholita” –la joven–, que engalanada con vestidos bordados en oro, plata y adornos espectaculares, arrastra al compañero a la danza. Es carnaval en el frío altiplano de los Andes peruanos y nadie debe estar sin bailar, sin beber y sin comer.
FIESTA DE LA VIDA
En el mundo andino, como casi en todas las culturas y pueblos de todo el mundo, la fiesta representa un momento de ruptura con la monotonía de la vida cotidiana, la fatiga del trabajo y las dificultades de vivir en un ambiente hostil: a una altitud de 3.500 a 4.500 metros.
En el carnaval de Puno sus gentes recorren las calles de la ciudad con trajes multicolores y miles de bailarines y músicos se disputan la supremacía de ser los mejores. Este carnaval asume las características de una fiesta agrícola en la que se percibe la alegría por la recolección, el florecer de las plantas y el reverdecer de los pastos. Es una fiesta que se celebra cada año con sus ciclos de muerte y vida, soledad y vida comunitaria, tristeza y alegría. Una alegría que estalla con toda su fuerza y que también es compartida con los familiares difuntos, los mismos que cuando vivían celebraban el carnaval comiendo y bailando. Por eso, el lunes de carnaval la familia se reúne en los cementerios para visitar las tumbas de los seres queridos y adornarlas con coronas de flores o farolillos de colores. Además, se ofrecen a los muertos los platos típicos y sus bebidas preferidas en vida.

LA DIABLADA
En las frías y desoladas tierras del altiplano también se baila la danza de la “Diablada”. Su origen se remonta a los tiempos de la conquista, cuando los españoles obligaban a los indios a trabajar en las minas de plata.
La “Diablada” proviene de la experiencia de un grupo de mineros indígenas que se habían quedado encerrados en las oscuras galerías de una mina. Cuando estaban desesperados y para salvarse de las garras del diablo, que quería llevarlos a las profundidades del infierno, pidieron el favor de la Virgen. Recibieron la ayuda milagrosa del arcángel Gabriel que derrotó al demonio. Y en recuerdo de esta batalla, ocurrida en la más absoluta oscuridad entre el bien y el mal, se baila la “Diablada” delante de la Virgen de la Candelaria, la Mamacha, que preside toda la fiesta del carnaval de Puno.
En los bailes de la Diablada, diablos y hombres se enfrentan en el eterno duelo entre el bien y el mal. Van vestidos con disfraces brillantes y finamente bordados con todo lujo y suntuosidad. Las máscaras extrañas y espectaculares tienen cuernos largos y retorcidos, representando al diablo. Esta exhibición de belleza y luz choca con el color gris de la vida cotidiana y con la oscuridad de las galerías de las minas donde los indios quechua y aymara de los Andes extraen de las montañas los preciosos minerales –oro, plata y cobre– que les permiten sobrevivir.
Al ritmo de las flautas, de las quenas y de los tambores, se baila noche y día sin parar. El carnaval de Puno supone una auténtica celebración por la victoria de la vida sobre la muerte.
Antonio Romero
Por Humberto (Lisboa) - 24-03-2010 - 10:10:25
Muy interesante el artículo. Felidades.
Por dk hbfg hdb (tarragona) - 22-02-2010 - 12:19:21
muy chulo