Belén viviente

Estamos nuevamente en la parroquia de San Daniel Comboni, en Mahube Valley, cerca de Pretoria, la capital de Sudáfrica. Los misioneros siempre decimos que los catequistas, son nuestra mano derecha en la misión, pero la historia que te voy a contar hoy es la de una catequista, Joaquina Chitua, que era también mi mano izquierda.

Joaquina nació en Angola y siendo muy pequeña tuvo que emigrar con sus padres a Sudáfrica para escapar de la terrible guerra civil que vivían en su tierra. Joaquina es madre de familia, tiene dos hijas. Era de las pocas catequistas que siempre acudía a las actividades parroquiales y que cada sábado estaba presente con su grupo enseñando, no solo con palabras, sino con juegos y dinámicas que lo hacía más atractivo para los niños.

Dos meses antes del 25 de diciembre, Joaquina ya se ponía en marcha para empezar a preparar el teatro de Navidad. Cada año era diferente, pero lo que Joaquina lograba es que participasen todos los niños. Primero recuperaba los guiones escritos de años anteriores, los retocaba, cambiaba cosas, inventaba nuevas escenas y me pedía hacer fotocopias para todos. El entusiasmo de los niños era grande y siempre sabía escoger bien a los personajes principales: la Virgen María, San José, el rey Herodes, los Reyes Magos, el ángel Gabriel y un sinfín de pastores. ¡Ah!, y había muchas, muchísimas ovejas. ¿Pero eran de verdad? No, no, eran los más pequeños, que con un trapo blanco encima y gateando por el suelo iban gritando estruendosamente: «¡Beeee! ¡Beeee!». Las ovejas, bueno, los niños, se lo pasaban muy bien y la gente se reía mucho.

Tres horas antes de empezar la misa de la noche de Navidad los niños ya habían llegado a la parroquia. Joaquina ya llevaba toda la tarde ultimando los detalles y preparando los vestidos. Lo que le daba más trabajo eran las alas de los ángeles, que al ser de cartulina se doblaban con facilidad y no había forma de sujetarlas bien en la espalda de los chavales. Los niños preparaban el establo y traían hierba seca y troncos dentro de la iglesia, para construirlo. Las coronas de los tres reyes magos eran las mismas que regalan en McDonald’s en las fiestas de cumpleaños. ¡Ah!, la música era muy importante, por lo que buscaba villancicos para hacer más agradable la representación.


«Nuestros hijos se divierten mientras aprenden la historia del nacimiento de Jesús.»


Llegaba el momento y empezábamos la celebración de la Eucaristía. Los niños estaban en el fondo de la iglesia, nerviosos pero en silencio. Una vez finalizada la lectura del Evangelio, del nacimiento de Jesús en Belén, empezaba la función. La catequista Joaquina hacía de narradora, apuntadora y organizadora. Los niños actuaban perfectamente y cuando salía el rebaño de ovejas precedido de un potente balido, las risas estallaban, hasta que quedaban interrumpidas por la presencia del ángel Gabriel, que le anunciaba a María que iba a ser la madre de Jesús. El silencio era total y la niña que hacía de Virgen María decía: Tše o di boletšego a di ntiregele («Hágase en mi según tu palabra», en sotho).

El rey Herodes muy enfadado al saber que iba a nacer “otro rey”, mandaba a sus soldados a Belén, mientras tanto los pastores dormían al raso y otro ángel les anunciaba que el Salvador del mundo había nacido. Todos corrían a Belén, mientras llegaban los tres Reyes Magos… En fin, como me decía una señora, madre de uno de los pastores: «Padre, la historia nos la conocemos de cada año, pero nos gusta volverla a ver y saber que nuestros hijos se divierten mientras aprenden la historia del nacimiento de Jesús aquí en la tierra».

Al final de todo, Joaquina Chitua sonreía satisfecha, los niños la rodeaban agradecidos y le preguntaban: ¿Cuándo volveremos a repetir el teatro de Navidad?. «Mañana» –les decía–, «mañana día de Navidad lo volveremos a repetir».
¡Feliz Navidad!

* Descárgate AQUÍ el Belén recortable de Aguiluchos.