Terminada la Cuaresma, iniciamos el mes de abril con las fiestas de Semana Santa, semana de vacaciones para muchos y de celebraciones y procesiones para otros. Los cristianos hacemos memoria en estos días de la muerte y la resurrección de Jesús, un acontecimiento que marcó para siempre la historia de la humanidad.
El pasado 4 de febrero tuvimos la suerte de tener con nosotros a Anastasia Njambi, una mujer que vive en Korogocho, un macro suburbio de Nairobi, la capital de Kenia.
Vino para recibir el Premio a la Fraternidad que le otorgó la revista Mundo Negro, nuestra hermana mayor. Anastasia nos habló de muchas cosas, pero la que más me gustó fue el empuje que tiene y su determinación para enfrentar las difi cultades de la vida. Como ella, muchas mujeres de África luchan cada día para sacar adelante a sus familias y por defender su dignidad.
El 8 de marzo se celebra el Día de la Mujer Trabajadora. Una jornada muy especial para todas las mujeres del mundo.
Desde Aguiluchos les rendimos un homenaje, especialmente a todas esas mujeres africanas que, como Anastasia, son el pilar de la familia y de la sociedad.
En realidad debería decir en Chelopoy, pero ¿Quién conoce ese sitio? No aparece en google map, ni en ninguna cartografía preparada por los ingleses para sus ejércitos. No aparece porque los nombres locales de estos lugares suelen cambiar, como solían hacerlo sus habitantes en sus movimientos transeúntes.
Los conflictos de intereses y los sueños no son nada nuevo para Chesuswon. Esto ocurrió hace dos años con con una máquina de coser...
Corría el año 1992, un tiempo difícil para la gente de Paker, un pequeño poblado en Sudán del Sur, a pocos kilómetros del rio Nilo. La guerra, que había comenzado hacía nueve años, era particularmente dura en esa región del sur con bombardeos frecuentes. Un día toda la población se vio sorprendida por la inminente llegada del ejército del Norte. Una ola de terror cubrió el poblado y multitud de gente corría despavorida por entre las cabañas sin saber muy bien que hacer. Pero todos sabían que había que salir de allí. Eso significaba coger las pocas pertenencias que tuvieran y huir hacia el sur, esconderse en el bosque. Lo importante ahora era salir de allí.
Un pequeño conflicto local ha surgido en una de las capillas que se llama Chesuswon. Las muchachas de esta capilla han venido a quejarse porque los jóvenes, ellos, no les dejar jugar con el balón de fútbol que se compró para que no se aburriesen los domingos. Y dicen que van a boicotear su participación en la oración dominical.